Todas las épocas han abrazado una subcultura.

Generalmente éstas nacen como una crítica generacional al sistema en turno: los punks, hippies, metaleros, góticos, hipsters, etc., No se denominan por su look, sino por un estilo de vida que personifican individuos de todos los estratos y variedades, grupos que viven en el margen del sistema, todos críticos a través de su rebeldía.

Los caracterizados por los lentes cuadrados, camisas de cuadros, cortes de cabello pasados de moda y pantalones entubados de colores, no son hipsters por su look, sino por un modus vivendi que resume la frivolización de los sentidos críticos de la vida, que más allá del nihilismo rebelde de un metalero o el alegórico e inconforme intelecto post-punk, practican una sofisticada disidencia y cómoda apatía desde sus smartphones.
Los humanos somos expertos en hacer juicios rápidos acerca de otras personas. De hecho, existe gente que hace de esto su actividad favorita y va por la vida clasificando a los otros para poder sentir, quizás, que el mundo es fácilmente descifrable o que se tiene una lectura privilegiada de él. Esta práctica, ayuda a organizar sus mundos en estereotipos y a creer poder anticipar los comportamientos de otras personas dependiendo de cómo van vestidos, de qué color tienen el pelo o solo porque se percibe al individuo con un "algo" difícil de explicar.

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